Necesitaba que me dijeran

Necesitaba que me dijeran que el amor tarda un momento en llegar. Que no hay en este mundo un corazón tan árido que no renazca con el agua y siempre está alguien que quiere ser lluvia. Que entre las calles y los aviones hay personas que aman bonito. 

Necesitaba que me dijeran que al amor el mar le queda muy pequeño y no es feroz. Que decir te quiero es todo lo contrario a un portazo e incluso cuando llega tarde, el abrazo se queda. Que las despedidas que valen la pena nunca lo son del todo. 

Necesitaba que me dijeran que no hace falta un para siempre y las promesas sobran donde nace la fe. Que no existe daño en mi cuerpo que conduzca a quererme menos y hay manos que acarician también lo que está roto. 

Necesitaba que me dijeran que soy la suma de todos mis versos: el dolor que me palpita en las plantas de los pies, mi instinto de escape, los himnos que canto, cada uno de los tatuajes que llevo en la piel, el color de mi voz y las cosas que digo. 

Necesitaba que me dijeran que hago sentido. Que el acto de quererme puede ser coherente y no existe plazo demasiado corto para poner el corazón en la mesa. Que sí, que puedo empezar a querer cuando me dé la gana. 

Necesitaba que me dijeran que conmigo nunca es pronto, que conmigo nunca es tarde; aunque el tiempo se sienta como un demonio que nos arrebata la vida. Y tú llegaste a decirlo todo. 

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