No te perdono wey

¿Te acuerdas cuando te dije que no hacía falta que te disculparas? No era cierto. Sí hacía falta. Porque yo te amé bonito, cabrón. Te ayudé a hacer la mudanza, cuidé a tu perro, te perdoné demasiadas veces, puse el corazón completito en la mesa. Y me quedé hasta que quedarme se convirtió en acto suicida. Pero de eso no me pidas perdón, ese fue mi pedo. Me costó un chingo quererme más de lo que te quería, dar el portazo y no volver. 

Yo no sé por qué me fui por las buenas. Por qué no te dije que fuiste un patán, que fuiste horrible, que para mí tú tenías muy corta la lealtad y demasiado larga la lengua. Y que, ¿sabes qué? Sí ando emputada. A veces lleno mis días de pendientes pa´ sentir que recupero todo el tiempo que perdí contigo. Y eso más o menos tiene reparación, pero lo que sí está jodido es que ¿quién chingados me devuelve el amor que desperdicié contigo? Nadie wey. Nadie.

Siempre te dije que eras un irresponsable. Que no te hacías cargo de la mudanza, del perro, de tus errores, de lo que sentías, de la relación, de tu chamba. Nunca te hacías cargo de nada y yo que estoy obsesionada con tomar las riendas me hice cargo por ti. Eso tampoco es tu culpa. Lo que sí te digo es que ahora, después del reproche y con la rabia encima, tengo que hacerme cargo del arsenal de heridas del que eres autor. Otra vez es tu puta culpa y yo me encargo. 

Estoy cansada, carajo, de tener que remacharme la piel, coser los cortes, pulir los raspones, mezclar alcohol con mi sangre para que no se me pudra el tejido. Estoy bien pinches harta de seguir componiendo lo que tú rompiste. Y no, no es mi culpa por quedarme; ser culero está en tu cancha y aún así yo veré cómo sano sola. Porque sí: yo sí me hago cargo. 

También estoy enojada contigo porque no volviste a tocar el timbre, porque volviste a amar antes que yo, porque rehiciste la vida en dos patadas mientras yo sigo diciendo: ¿cómo chingados le hago para elegir un amor menos pinche? ¿cómo me curo de este pendejo? Mira, al final del día no te perdono de nada. Estoy asqueada de decir que cortamos por el bien de los dos, que nuestros caminos se distanciaron y entre nosotros solo queda memoria y paz. Ni madres: yo me largué porque eso era un infierno. Ni siquiera sé a dónde chingados voy, no me hables de caminos. Y no todo es tu culpa, pero hoy me cagas.

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