Denuncia responsable: hechos, percepciones e intenciones.

Introducción:

La visibilidad de los asuntos de género va en aumento: vamos progresando. Alzar la voz está dando resultados. Estoy a favor de la equidad de género. Y entre los medios para lograrla, creo que la denuncia es esencial. Por lo mismo me siento en la obligación de decir lo siguiente:

Los cambios que buscamos son indispensables. Pero no se trata sólo de lograrlos: se trata de lograrlos bien. Quiero aclarar un par de cosas sobre la denuncia.

 

¿A qué viene esto?

La semana pasada noté algo que me parece importante decir: hay un hombre en cuya presencia me siento acosada. No me acosa. Nunca me ha dicho ni hecho nada. Pero me siento acosada. Podría especular por puro instinto, que se trata de un deseo no correspondido. Pero sería eso: especulación.

Me parece un tema muy delicado. La última vez que lo vi, pensé: “es un acosador”. Así como lo pensé, puede haberlo dicho. Eso habría sido una falsa acusación, y de haberlo dicho yo habría ejercido la violencia de la difamación en su contra.

Creo que con la proliferación de espacios de visibilidad que dan cabida a la denuncia, viene una gran responsabilidad. Por eso quiero tocar dos puntos: la precisión de lenguaje y  la validez de las acusaciones.

 

La precisión del lenguaje:

Cuando este individuo se me acerca, en mi cabeza se prenden los focos de “ACOSO”. Probablemente por mis miedos acumulados. Pero estos no justificarían de ninguna manera que yo llamara “acosador” a quien no lo es.

Podría cambiar mis palabras y decir: “me siento extremadamente incómoda”. Y entonces no habría ningún problema. Las implicaciones de mi enunciado caerían sobre mí y no sobre el otro. No estaría afirmando cosas sobre lo que él es o hace, sino cosas sobre lo que yo siento.

Porque, vamos, si yo le digo a mi amiga “él me acosa” y se forma un chisme, lo voy a perjudicar un montón. Sería un al uso de mi voz.

 

La validez de las acusaciones:

Partamos del punto de que una acusación tiene validez en tanto que es cierta. Es decir: las palabras corresponden con los hechos. Pero, por lo general, lo que decimos corresponde más bien a nuestra percepción de los hechos. Y esta no siempre es confiable.

Quiero ser muy clara en esto: en una acusación intervienen al menos tres factores: los hechos, la percepción y la intención. Los hechos son los que son, y por lo tanto, lo que se diga de ellos lo podemos clasificar de verdadero o falso. Las percepciones en cambio, son subjetivas y no encajan bien en esta clasificación. Las intenciones, por último, son privadas y pueden responder a distintos intereses.

Quiero postular dos posibles casos:

Caso I: acusación falsa hecho con mala intención.

Es decir: hechos distorsionados por la intención.

Una mujer no se siente acosada ni está siendo acosada. Pero decide usar un espacio de visibilidad y denuncia para acusar a un hombre, ya sea por extorsión, venganza o cualquier otro motivo. Este caso se trata de violencia intencional.

Caso II: acusación falsa hecha sin mala intención.

Es decir: hechos distorsionados por la percepción.

Una mujer se siente acosada. No logra distinguir entre “sentirse acosada” y “ser acosada”. Entonces dice algo como “ahí viene el que me acosa”. Su percepción se ha distorsionado por sus emociones y al ponerlo en palabras ha caído en el error de la difamación. Entonces, está ejerciendo una suerte de violencia accidental. Y debe hacerse responsable.

Este segundo panorama me resulta en lo personal más preocupante. Pues, incluso sin una mala intención, implica hacerle daño a alguien. Queda de nuestra parte distinguir entre cómo nos sentimos ante las situaciones y lo que las situaciones realmente soy. Queda de nuestra parte no hacer acusaciones basándonos en sentimientos.

 

Conclusiones:

  1. Tenemos que preguntarnos siempre antes de denunciar: ¿la acusación que voy a hacer es cierta?
  2. Es distinto hablar de los hechos que hablar de nuestros sentimientos respecto a los hechos. Debemos siempre aclarar a cuál nos estamos refiriendo para evitar confusiones.
  3. Debemos cuidar los espacios de visibilidad y denuncia para evitar su mal uso. Este sería perjudicial para todos.

 

Aclaraciones:

  1. Los asuntos de género no se tratan de mujeres buenas y hombres malos. Sin embargo, por ser fruto de una represión histórica, corren el riesgo de ser interpretados de esta manera. Hombres y mujeres podemos actuar desde el bien y desde el mal. Por eso no me parece descabellado postular la posibilidad de que una mujer haga mal uso de la denuncia.
  2. El tema puede ser complicado, los matices demasiados y las líneas muy delgadas. Pero el tema también es urgente. Y precisamente porque es urgente, corremos el riesgo de no llevar las cosas a cabo con suficiente cuidado. Debemos lograr la equidad de género lo más pronto posible y de la mejor manera posible.
  3. Mi propuesta es que estemos en constante alerta para evitar el mal uso de los espacios de visibilidad. De ninguna manera postulo que la visibilidad del problema debe reducirse.
  4. Las denuncias de mujeres sobre acoso y violencia sexual han sido sistemáticamente descartadas en las cortes. Y esto debe cambiar. Pero la solución no es asumir que todas las denuncias son ciertas, sino encontrar mecanismos efectivos para llegar a la verdad de los hechos y tomar las medidas legales justas.Así como está mal que las denuncias ciertas sean descartadas, está mal que las denuncias falsas lleven inocentes a la cárcel.

Valeria Farrés

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