Desencuentro

  – ¿Me extrañas?                                                                                                                                       -Sí. Pero extraño más a la persona que fui para ti. Porque no voy a poder ser así para nadie nunca más. En realidad, te extraño cuando me extraño porque, aunque sé que no, siento que estar contigo sería estar conmigo otra vez.

Han pasado cuatro años. Veloces o lentos, da igual. Hablo de mis ex novios con cariño y la gente en su sorpresa me dice que los tengo que olvidar. Pero yo no veo el caso en perder años de memoria. No le encuentro sentido a buscarle un culpable al desencuentro e intentar desterrarlo de mi historia.

A veces sólo hay que esperar a que el tiempo nos convierta en un buen recuerdo. Todos hemos sido una nostalgia que duele, una foto que se evita y un contacto que se borra. Todos hemos herido y por eso estamos heridos.

Tal vez fue para bien. Aunque las despedidas no sean oportunas, los abrazos no nos curen y el vino sólo borre a ratos. Tal vez fue para bien. Y si no, de todos modos fue.

Hace unos días me preguntaron si me han roto el corazón. Me costó responder. De que está roto, está roto… pero no estaba segura de saber por qué.

El amor no correspondido debería ser menos humillante. Deberíamos ser entendidos como distintos y no como insuficientes. Que no te quieran de vuelta o que te dejen de querer, no tendría por qué ser vergonzoso. Pero lo es. Porque insistimos en que se trata de niveles de personas, una mejores y otras peores, que se pueden o no merecer. Porque buscamos los motivos en el sobrepeso de una y en la patanería del otro.  En lo que sea pero que sea culpa: uno de los dos no da la talla.

Como si fuéramos recompensas o premios que se ganan las personas buenas. Como si fuéramos cosas. Como si la incompatibilidad se diera porque alguno es defectuoso. Entonces el espejo se vuelve tortura y las opiniones sentencia. El amor se convierte en una subasta donde los ojos juzgan y los ricos pujan.

Me cuesta trabajo admitir vulnerabilidad: soy orgullosa. Me da miedo aceptar que alguien puede no quererme: me hace sentir poca cosa. Estoy enredada en el mercado que hemos hecho del amor… y cómo duele. Porque pienso que cuando él piensa en mí concluye que hay alguien mejor. O porque me van a ver como la mujer a la que él ya usó.

Mi primer amor me preguntó si me hace falta y le dije la verdad. Entonces supe que entre las heridas de mi corazón hay una suya, y eso no está mal.

Valeria Farrés

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