Más fuerte

En una esquina acurrucada era más fuerte. Cuando dolías tanto, idiota, que no sabía tenerme. “Era sólo una niña” pienso, cuando quiero sentirme inteligente de haberte entregado el alma sin hacerte firmar contratos. Y sí: pasaba horas llorando. Sueno estúpida al contarlo; pero, te juro… era más fuerte.

Dicen que me tengo que curar de ti. Digo que no eres una enfermedad… un error tal vez sí. Pero a los dieciséis no hay que ser acierto. Ahora me da miedo amar primero. No te consueles diciendo que me hiciste cautelosa cuando sólo me hiciste cobarde. Ahora nunca escribo y sólo a veces respondo.

Ahora pierdo gente.

Suelo decir que no estoy segura de haberme enamorado. Suelo mentir. Cuando te dejé ir, con semblante tajante y corazón  tembloroso, algo en mi se rompió y nació amnesia que me hizo olvidar casi todo. Sé que daba puñetazos a las paredes de mi habitación. Recuerdo sostener el borde de mi ventana hasta hacer mis yemas blancas. Suena todo tan grande de la boca para afuera, aunque se siente insignificante en la memoria, que no entiendo bien por qué aún importa.

Tal vez porque vuelves.

No sabía que me faltabas hasta que, sin querer y sin quererme, te vi otra vez. Te dije “me cuestan los finales” y te fuiste. Aún así, creo en ti. Te dije que no me veo bien cuando duele y tú dueles. Dijiste que no importa, que no necesitas verme bien. Dijiste que rota soy suficiente y me rompiste un poco más. Los que me quieren cuentan que hay quien ama sin pedir por requisito un dolor profundo, que hay demasiados amando porque sí como para amar a quien exige motivos… y aún así, yo te los doy.

Otra vez te vas.

En mi manual de 101 consejos para dejar de sentir, mismo que sigo aunque quemé el manuscrito, hago una introducción que advierte que lo peor que he hecho ha sido dejarte. Empecé por dormir para olvidar y no es casualidad que hasta hoy tenga la costumbre de despertar pasadas las tres de la tarde.

En mi recopilación de canciones de amor la favorita resulta ser “Flamingo” con su coro que repite “eres mi calma” y nunca lo fuiste, maldita tormenta.  Hoy la vida me ofrece un paraíso de paz, y yo quiero una puta aventura como tú, filo de un abismo en el que corrí a los dieciséis. Es porque ya no me parece valiente amar si no es así.

En una esquina acurrucada soy más fuerte. Cuando me encuentro tan tonta, cuando me admito cobarde, cuando publico heridas y luego quiero olvidar. En esta esquina acurrucada soy más fuerte: cuando te extraño.

Valeria Farrés

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