De ti depende.

Alguna vez empecé una carta escribiendo “Hay tanto que nunca dije porque habría tiempo y ya no hay”. Hoy quiero repetir mi propia frase a modo de saludo. Los finales precipitados arrastran consigo las despedidas, se las llevan a un “para siempre” que quiero romper hoy con palabras. Tal vez, apresurar los adioses es algo que hacemos por cobardes… porque duelen. Probablemente, el seguir en “tal veces” es producto de ese mismo miedo. Pero te puedo asegurar, que algo de coraje hay en mí, cuando rompo el silencio que había elegido. “Hay tanto que nunca dije porque habría tiempo y hoy lo hay”. 

Las personas son su pasado. Son rompecabezas de almas. No me arrepiento ni un segundo, por pensar tan seguido en lo tuyo que traigo conmigo. No me arrepiento de haberte roto el corazón y hacer trascender una parte de él en mi propia historia. No me arrepiento, porque hubo por mi parte suficiente entrega para permitirte a ti hacer lo mismo. Llevo a cuestas un nosotros, que no por no ser en presente ha dejado de existir. Cargo conmigo un pasado, que me recuerda a diario que tengo mucho de ti, aunque no te tenga a ti. 

Entre tropiezos y llantos, logros y sonrisas, mi memoria te alberga; tan dentro tan dentro que llegas al alma. A veces los “por qué”, los “para qué” y los “y si hubiera” me invaden el sueño. Casi nunca me logro responder. He concluido, tal vez por darle prioridad a la cordura, que no todas las decisiones pueden partir de certezas; que a veces la duda nos empuja las palabras hasta la punta de la lengua y recita, en nombre de una supuesta verdad, despedidas inminentes. 

Ponle el nombre que más te guste: cobardía, conveniencia, miedo, comodidad, insuficiencia… al final da igual. Todo termina en un vulgar “lo que pasó pasó” o “por algo pasan las cosas”. Remediar los errores no es posible. Lo único que está en nuestro poder, es la elección de con qué ojos ver nuestras propias heridas. Repito: a mis acciones, e incluso a mi persona, ponles el nombre que más te guste. Pero cuando se trate de tu propia piel, asume las consecuencias de tu forma de mirar. Si te vas a ver las heridas con lástima, y te sentirás tentado a lamértelas, asume que el dolor no se va a ir. Si te vas a ver las heridas con odio, y buscarás un culpable, asume tu condena a frustración perpetua. Si te vas  ver las heridas con miedo, y evitarás posibilidades futuras,  asume que limitaste tu porvenir por decisión propia. Si te las vas a ver de cualquier modo que te dañe a ti, recuerda que con lo de hoy que mañana sea pasado, probablemente harás lo mismo. 

Tal vez es mi obsesión con los recuerdos la que me ha llevado creer que la nostalgia puede darme alegrías. Me empeño en mirar atrás, y sonreír, porque algo de felicidad ha de haber en el ayer. Entonces, cuando pienso en ti y en ese viejo nosotros, me dan ganas de darte las gracias por todo y por tanto. Logro que el dolor se convierta en un susurro que además de lastimar ese poquito permanente, me recuerda la pasión con la que estuve dispuesta a la victoria o al fracaso. 

No siempre es así. Yo he sentido que el alma y el cuerpo no dan más. He sentido que aguantan más de la cuenta y he querido que se rompan. He desesperado en la lucha por encontrar cualquier cosa que me haga dejar de pensar aunque sea por instantes. He acudido a mi antes entre lágrimas y penas porque quisiera regresar en carne viva. He dudado de mis sentencias y he estado dispuesta a lo que sea por retractarme. Deja de doler cuando morimos. Pero, dice la canción, que sin dolor no te haces feliz… ojalá sea cierto. 

Tu consuelo nunca ha estado ni estará en mi. El ansiado sanar del mal de amores no existe. Y el olvido es un anhelo para idiotas. Me gustaría tener las palabras adecuadas de ti para ti, pero no las tengo. Me encantaría saber qué decirte. Sería perfecto que todo fuera perfecto. Pero tu mirada no depende de mi. Por eso te digo, a sabiendas de que eres capaz de amar las mayores imperfecciones, que abraces las tuyas. Búscate a ti cuando te faltes. Cuando sientas un vacío, piensa que eso significa que puedes llenarlo. La vida te da opciones. Eres libre. 

 De nada sirven hoy mis explicaciones a tu camino. De nada sirven hoy mis frases a tus emociones. De nada sirve lo mío para lo tuyo… todo eso está en un “fue”. Pero divagar un poco entre recuerdos, disculpas, agradecimientos y párrafos, es lo que puedo intentar. Un perdón y un gracias atrasados seguro son más que un silencio. Una cuartilla y poco más en nombre de aquel amor, dan suficiente para sentirlo distinto… pero de nuevo.

 Te quiero. 
Valeria Farrés

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