Patria

Por tu patria mátalo, mátate, mátame. Por tu patria lucha. A tu patria hónrala, ámala y cuídala. Porque es tu patria, porque de ella te construiste o tal vez, porque este ciego-sordo-mudo sitio te vio abrir los ojos, escuchó tu primera palabra y te susurró nanas al oído con su marea. Abona ésta tierra con tu sangre y decora este asfalto con tu pellejo.

Estos interrumpidos horizontes, a tu lado parecen infinitos. Percepción no causada por la grandeza de la nación, sino por tu miserable pequeñez y tu enorme insignificancia. Por tu país desvívete, porque tu humanidad no basta para que sea por ti que pierdas la irónicamente invaluable vida. Enorgullécete e identifícate con un adjetivo que alude al espacio imaginariamente delimitado. Porque tú, por ti, eres insuficiente para ser razón de miradas altas.

Aférrate a la idea, porque tu inutilidad no te permite aferrarte a algo mejor. Memoriza bien la historia del sitio, porque lo vivo tiene un pasado, y si tú lo olvidas ella muere (y enterrarla parece algo complicado). Lo siento miserable, ni los minerales ni los vegetales tienen memoria. ”Perteneces”. Créelo. Porque de no ser así, serías bastardo y no te bastarías. Asígnale melodías y colores a tu idea, para que parezca real. Dibújale sus líneas, para que no sean mentira.

No te avergüences de tu esencia construida por otros. Vive por tu gente, que tiene que ser prioridad. Pues seguramente ser tu gente los hace importantes por sobre el resto, aunque a falta de tu espacio y su tiempo tú seas un tierno nadie. Permite a tus titiriteros escribir el guión para poder sentirte suficiente. La satisfacción te mantendrá vivo. Regálales tu alma a cambio de su habilidad para hacer el bien. Deja que te succionen el espíritu. Al fin y al cabo, es por tu patria.

Aquel hombre que llegó un día e imaginó la frontera, aquel hombre que le puso nombre a ésta geografía. El bien intencionado que te enamoró de este sitio, el que te dijo quién ser, el que en sueños pintó ésa línea hoy dibujada por alambres de púas y fusiles, el que te asignó un horizonte y te regaló un orgullo. A quien le debes tus códigos y normativas, el que hizo tu tierra grande, y te engrandeció con tu adjetivo que alude. Ese hombre designó tus distancias, tus lugares y tus horizontes. Trazó tu frontera.

Sin duda te han dado todo: el para qué y el por qué de las cosas. Eso que jurarías es valentía, no es mas que una consecuencia lógica de tu falta de vacío, de tu ausencia de dudas y tus abundantes respuestas. ¿o debiera decir respuestas de tu patria y sus héroes? No importa. Tu patria te pertenece, al igual que tú a ella. Eso que llamas valentía es mansedumbre. Me gustaría expresar una inquietud, si no es molestia. Me gustaría tener un pequeño concepto tuyo: por favor, define patria.

Es curioso que la historia de tu país sea tan admirable y la tuya tan desgraciada. Que la patria que te pertenece, y a la que perteneces, tenga abundantes riquezas y tú seas pobre. Esta condición es producto, seguramente, de tu bondadoso sacrificio cotidiano. ERES un héroe. ¿o te hicieron pensarte héroe? No importa, es irrelevante. ERES un héroe. Haz de tu creencia tu verdad, y serás feliz creyendo que lo eres. Sonríe. Estímate y quiérete, porque te han hecho un buen hombre, aunque no fue precisamente un acto divino sino mas bien teatral, diría yo. Estoy diciendo tonterías, sólo un adjetivo importa: el que alude a tu patria.

Querido tierno miserable: te hicieron grande. Pero no te angusties. Cuando yo era grande, también era desdichado.

Valeria Farrés

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