Clic

El problema de hoy en día es que se miran al espejo sin hartarse nunca de su propia imagen. ¡Que se ahoguen en el río! Que se hundan en su ensimismada admiración estúpida sin freno. A lo largo de la historia se han ido soltando las metras. Millones. Que giran sobre su propio eje y se relacionan con la de al lado solamente para chocar. Y suena “clic”.

Clic, vamos a dar la espalda. Clic, vamos a cerrar los ojos. Clic, seamos sordos. Clic. Clic. Clic. Dando tumbos, chocando entre arrogancia y arrogancia. Lastimando. Se paran en el centro del jardín y empiezan a girar sobre sus pies, bailarinas toscas y sin gracia, los brazos se separan poco a poco de sus cuerpos hasta que toman apariencia de helicóptero. Fiuuuufiuuuufiuuuu. Suenan los motores de sus orgullos. “SOY EL CENTRO DEL MUNDO.” Y el universo es una creación para ellos, para complacerlos. Y qué absurdo pensar que existe un ser superior que haya creado una perfección como la suya.

Clic… el problema es que no chocan contra sí mismos. De, por y para las metras… es todo siempre. Y el cristal no tiene ojos. Todas tan iguales, tan absurdas… con las misas reacciones ante las mismas situaciones. Y reflexiona una metra en su interior “¿Por qué soy diferente a ella?” Y se responde una metra en su interior “Porque soy única, irrepetible, maravillosa, genial etc etc etc… eso decía mi mamá, eso decían mis maestros… y twitter, instagram y Facebook también me mandaron mensajes subliminales en imágenes virtuales que decían en mayúsculas fluorescentes `LA ENVIDIA ME FORTALECE´. Por eso yo soy yo y ella ellas. Y ellas el resto”. Lo mismo pensaron todas. Yo.

Clic, maldita sea, clic. A mi qué me importa el negro desnutrido. A mi qué me importa el maldito cáncer. Y los idiotas pobres que por flojos no tienen ni medio. Clic clic clic clic clic clic clic. Ya no me tolero. Me agarro la cabeza, me quiero derretir. Clic clic clic clic clic clic clic clic clic. Chocan. Chocan. Chocan. ¡Qué estruendo! ¡Qué locura! ¡Qué caos! Así no se puede vivir en paz. Y me derrito, yo, la metra que critica a sus evidentes iguales. Porque no quiero más clic, porque me amé demasiado, porque clic que espantoso es escuchar, porque no amé, porque no quise, porque no serví… porque viví para mí. Tal vez.

Rodaré hasta un río a buscarme en el agua. Ojalá la luna fuera como yo. Han osado sentarse a mi lado, igualados de mierda: se sienten Dios.

Clic. Diviso una caída. Y el cristal de una se astilla, dejándola con una cara lisa. Y una metra se quiebra. Ya no puede girar sobre si misma, ahora está obligada a estarse quieta viéndome a mi. Momento. Silencio ¡Qué hermoso es mi reflejo sobre su herida!

Valeria Farrés

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